El mes de las ferias… (II) La Feria Musical de Lucena #LaMagiadelaMúsica

Aquí viene la segunda feria musical que celebramos este mes. En este caso fue en Lucena, en el CPM Maestro Chicano Muñoz los días 6 y 7 de abril.

La temática fue «La Magia de la Música» y os invito a ver las ideas que surgieron allí, para que os estimulen vuestros posibles proyectos o variantes del mismo.

En la entrada anterior explicamos en que consistía la idea de la Feria Musical. En este nuevo artículo quiero aprovechar para mostrar las distintas posibilidades que se pueden desarrollar en cada puesto, mientras recordamos los buenos momentos que pasamos en Lucena. Recordad que siempre está abierto a probar funcionamientos, actividades y variantes nuevas. Aquí van algunas sugerencias.

1. Banco-recepción

Es la entrada a la feria. El punto en el que se recibe a los niños explicando en qué consiste todo esto y donde reciben sus primeros billetes: en este caso os presento los «lucentavos», la moneda personalizada de la feria.

Una posibilidad que estrenamos en Lucena fue crear unos carteles para todos los participantes -profesores y alumnos-, donde figuren los nombres y el curso. Así, sirve para conocernos mejor y poder ajustar los niveles de cada juego en los distintos puestos.


2. Pintonisa

Todo un clásico. Las cartas musicales o la palma de la mano muestran el futuro a un experto vidente: cómo serán nuestras vacaciones, lo que nos espera a final de curso, en la próxima audición… Con una sencilla atmósfera de luz tenue, unas cortinas y los atuendos pertinentes, resultan de lo más creíbles. Normal que haya verdaderas colas a la entrada.

Además, cada uno que pasa por este puesto, luce estupendos tatuajes y pinturas que le traerán buena suerte o le recordarán las claves de su posible éxito.


3. Luthería

Todos hemos cogido cualquier utensilio en alguna ocasión para tratar de hacer música. Los plásticos, cartones y envases reciclados que se recogieron durante los días previos (y un poco de material de bricolaje), sirven para crear instrumentos de viento, cuerda o percusión como estos. Con unas buenas ideas, un poco de maña y estas llamativas decoraciones salen pequeñas maracas, liras, saxofones, cajas, etc. Todos quieren llevarse sus creaciones.

Pero no olvidemos que esto era una tienda. Los sabios consejos del maestro luthier valían unos buenos lucentavos. Aun así, muchos alumnos se las arreglan para ablandar el corazón del tendero y ganar algún dinero con la venta de su creación (si esta suena decentemente y le gusta al jefe).


4. Taller de improvisación

Por un módico precio todo el mundo puede integrarse en una verdadera jam session. A partir de un grupo de base que interpreta la estructura de algunas canciones conocidas, poco a poco se van improvisando nuevas melodías, ritmos y acompañamientos. Desde la pequeña percusión hasta algunos cantantes, todos se lanzan a mostrar su lado más creativo: quienes más se divierten incluso obtienen ganancias.


5. Memory

Un juego de cartas típico es el memory visual, donde las cartas han de ser volteadas de dos en dos hasta descubrir con ayuda de tu memoria todas las parejas que se esconden. Pueden ser dibujos de instrumentos, compositores, figuras musicales o equivalencias, etc… 

Respecto a la manera de jugar, se pueden hacer competiciones para descubrirlo en el menor tiempo posible, para hallar el mayor número de parejas en un tiempo dado o con el menor número de levantamientos. Los tenderos animan el juego ‘tranquilizando’ a los participantes con impetuosas arengas. En ocasiones la pericia de los participantes es tal que se inventan niveles superiores, como hacerlo a la pata coja, con los brazos en la espalda, etc.

6. Parejas de sonidos: memory auditivo

Esta versión del tradicional ‘memory’, parece más fácil de lo que es. Las botellas están completamente forradas. Pero al agitarlas revelan que su contenido es distinto y que solo hay dos iguales: semillas, garbanzos, piedras, tornillos, bolas de papel, agua…

Los jugadores afinan sus oídos expertos para distinguirlos y poder formar parejas. De nuevo las variantes son múltiples: descubrir todas las parejas en un tiempo mínimo, probar suerte en una especie de lotería auditiva con solo algunos intentos, etc. Jugar tiene su precio, pero alcanzar el récord o acertar la lotería tiene recompensa.


7. Bingo musical

Hablando de juegos de azar, ¿quién no ha jugado alguna vez un bingo? Claro que este bingo musical es especial. Como en un dictado rítmico, el lotero interpreta con las palmas o con un instrumento cualquiera de las fórmulas rítmicas de una tabla general. Los niños compran cartones para participar con 6 fórmulas rítmicas diferentes y tienen que identificar los números que se han interpretado.

Como en un bingo real, los cartones suponen una inversión que solo a unos pocos reportan beneficios: premios a la línea y por supuesto al cartón completo.


8. Violín-surfero

A todos nos gustan las vacaciones. Podemos soñar que surfeamos unas olas mientras nuestro instrumento nos acompaña… Pues esto mismo es lo que se puede disfrutar en este puesto.

Sobre una balance-board (una tabla de equilibrio que tiene una media esfera por debajo), se pide que simulemos tocar un violín mientras nos mantenemos encima. Se convierte en un juego muy divertido a la vez que un reto: pasar el ‘arco’ de nuestro escobiolín. Se puede pedir que pasen el arco un número de veces o un tiempo determinado para no perder su paga. O incluso cronometrar a ver quién es el campeón del equilibrio y recompensarle (para los más avispados se pueden hacer cosquillas para añadir dificultades).


9. Camellos del aire

El clásico juego de las chapas se ha transformado. En lugar de impulsar la chapa con los dedos a través de un circuito, será nuestro aire quien lo haga. Los alumnos de viento pueden demostrar su potente técnica de soplo, pero se han visto muchas sorpresas y talento en otros instrumentistas.

Hay dos modalidades. Una es un circuito con pruebas, como pasar un túnel, subir una rampa o lanzar la chapa final hasta una caja. Aunque cueste un lucentavo participar, se puede recuperar si se hace sin salirse, encestando al final o terminando en tiempo récord.

La segunda opción la hemos llamado ‘circuito de velocidad’ y permite apostar en grupo. En esta ocasión utilizan bolas de papel para ver quién es capaz de lanzarlas más lejos de un soplido y llevarse el bote. Para aquellos que llegan solos también hay una opción de ‘sopla-sin-pasarte: doble-o-nada’. Esta consiste en soplar un cilindro para que ruede con precisión, deteniéndose entre dos marcas del circuito. Esto causa furor.


10. Salta-Música

¿Pianos y partituras gigantes o Cariño he encogido a los niños? Un cambio de escala te permite saltar sobre las teclas o sobre las líneas y espacios de un pentagrama. En esta ocasión tuvimos un verdadero artilugio, pero si no, podríamos simular uno con papel.

Con una o varias melodías de ejemplo, los participantes combinan su agilidad (a veces las notas están más lejos de lo que parece) y sus conocimientos musicales para no perder el ritmo. Las mejores ejecuciones pueden ser premiadas o al menos recuperar lo que cueste participar.


11. Yoga

Entre el gentío, y con el ritmo trepidante de la feria, este puesto se convierte en un oasis zen. Con el yoga toca tranquilizarse, respirar profundamente y disfrutar de la calma y la concentración en uno mismo.

Los monitores serán los encargados de transmitirles ese espíritu y de enseñarles algunas de las posturas y equilibrios que facilitarán su relajación. A los más pequeños les encanta el reto postural y comprueban que pueden divertirse ‘a ritmo lento’.


12. Trilero-ladrón

Se acabó la calma. La norma más importante de la feria es que nadie puede quedarse parado, sin participar y sin jugar mientras esta dure.

Para ello, siniestros personajes vigilan dispuestos a desplumar a los incautos. También pueden proponer juegos, invitarles a acercarse a los puestos, aunque nunca se sabrá si tienen alguna intención oculta: ¡son trileros!


13. Mazmorra

Con tanto puesto puede ocurrir que alguien se quede sin billetes…

Si un participante se queda sin dinero tiene que buscar la forma de recuperarlo en la mazmorra. Habrá que ser valiente para adentrarse en su oscuridad. Solo quienes superan las duras pruebas que dentro ocurren podrán salir con la recompensa obtenida: pasatiempos, crucigramas, sopas de letras y pequeños ejercicios musicales son la llave para ganar algún dinero. El mazmorrero no es un tipo tan desagradable. No tengas miedo a entrar… ¿o sí? 


14. Posada

Efectivamente, todo tiene un final. Además de posibles actuaciones, recitales y conciertos, lo mejor es celebrarlo todos juntos en la posada.

Deliciosas chuches, brebajes u otras exquisiteces estarán esperando. Bocherinis en vinagre, tritonos salteados, babas de tuba, delicias pentatónicas o crótalos fritos son algunos de sus irresistibles nombres.

El precio es simbólico, pues la premisa es poder recuperar el ‘dinero’ para tenerlo disponible en la siguiente edición de la feria. Cada producto puede tener un precio o se pueden cobrar todas las ganancias que haya obtenido y recompensarle adecuadamente.


Con estas dos entradas hemos querido explicar la feria musical esperando que os animéis a ponerla en práctica (aquí puedes acceder a la otra entrada). Otras personas han sugerido que podría orientarse a los nuevos alumnos que entrarán al conservatorio: unas jornadas de puertas abiertas o educativas para dar la oportunidad de conocer el centro, los instrumentos o el propio aprendizaje de la música. 

Y a ti, ¿se te ocurre alguna otra opción?

 

Deja un comentario